EDITORIAL. El enigma electoral de San Luis: entre los hermanos, el pasado y un futuro que ya empezó

Hay algo que la política de San Luis todavía no consigue explicar: ¿hacia dónde va el peronismo? Y, más precisamente, ¿hacia dónde quiere llevarlo Alberto Rodríguez Saá?

La pregunta vuelve a aparecer mientras la posibilidad de una reconciliación política entre los hermanos Rodríguez Saá parece alejarse, después de algunos movimientos que durante los últimos meses habían alimentado la expectativa de una reunificación.

Adolfo parece haber mostrado mayor voluntad para reconstruir un puente. Alberto, en cambio, mantiene una posición mucho más rígida. Las diferencias entre ambos ya no parecen ser solamente electorales ni una discusión circunstancial por candidaturas: son años de enfrentamientos, reproches y disputas por el liderazgo de un espacio que durante cuatro décadas tuvo a los dos hermanos como protagonistas centrales.

Y mientras los hermanos discuten, el peronismo espera.

Espera dirigentes. Espera señales. Espera una estrategia. Espera saber quién conduce y, sobre todo, hacia dónde.

El fantasma de 2023

La posibilidad de una nueva sociedad entre los Rodríguez Saá comenzó a tomar fuerza después de que se profundizaran las diferencias entre el poggismo y el adolfismo. La hipótesis tenía una lógica: si aquella fractura contribuyó decisivamente a terminar con cuatro décadas de hegemonía peronista, una eventual reunificación podía convertirse en el primer paso para intentar recuperar el poder.

Pero hay una dificultad evidente. El escenario de 2026 no es el de 2023.

En aquella elección, Claudio Poggi obtuvo el 53,25% de los votos y derrotó al candidato respaldado por Alberto Rodríguez Saá, Jorge “Gato” Fernández, que consiguió el 45,79%. Adolfo había acompañado electoralmente a Poggi.

Sumado a una extraña elección nacional, donde casi el 70% de los sanluiseños eligió virar rotundamente hacia la derecha de Milei.

La división del peronismo fue, sin dudas, uno de los elementos centrales de aquella elección. Pero reducir la victoria de Poggi exclusivamente a la ruptura de los hermanos y al contexto del país, sería demasiado sencillo. También pesaron el desgaste de ocho años de gobierno de Alberto, la construcción política de la oposición y la capacidad de Poggi para reunir sectores diversos detrás de su candidatura.

Tres años después, aquella fotografía cambió.

Mientras el PJ discute, el oficialismo construye

Mientras el peronismo intenta resolver una interna que parece no encontrar salida, el oficialismo provincial tiene algo que los demás espacios todavía están buscando: tiempo.

Poggi transita su gestión, recorre el interior, mantiene contacto con intendentes y vecinos y desarrolla políticas que le permiten tener presencia territorial permanente.

La política habitacional ocupa un lugar central en esa estrategia. El Gobierno provincial anunció convenios con 34 intendencias para avanzar con viviendas mediante el sistema de autoconstrucción asistida y proyectó ampliar la construcción.

Lo mismo ocurre con el Plan TuBi, que durante 2026 continúa recorriendo escuelas de toda la provincia y que ya había superado las 12.500 bicicletas entregadas a estudiantes hacia septiembre.

Puede discutirse cada política, su impacto, su costo o su conveniencia. Pero hay algo que resulta difícil de negar: mientras el PJ debate su conducción, el oficialismo ocupa territorio.

Y en política, el territorio no se llena con comunicados. Se llena caminándolo.

¿A qué juega Alberto?

Ahí aparece el gran interrogante.

Alberto Rodríguez Saá continúa siendo presidente del Partido Justicialista de San Luis y conserva una estructura política propia. Pero sus movimientos recientes vuelven a abrir preguntas sobre cuál es exactamente su estrategia.

Su presencia política en la sede de Compromiso Federal —un partido que él mismo creó y que utilizó en distintas etapas de su trayectoria electoral— agrega otra capa de incertidumbre.

¿Por qué?

Porque el peronismo necesita saber si Alberto pretende reconstruir el PJ, disputar su conducción, construir una alternativa por fuera de él, volver a competir electoralmente o simplemente conservar una estructura desde la cual condicionar cualquier futura negociación.

Y esas preguntas no son menores.

Porque un partido puede sobrevivir a una derrota electoral. Lo que resulta mucho más difícil es sobrevivir a la ausencia de un proyecto compartido.

El desconcierto también está adentro

Lo llamativo es que las dudas ya no aparecen solamente en sectores opositores al albertismo.

También atraviesan al propio universo peronista.

Dirigentes, militantes y periodistas identificados históricamente con el PJ expresan públicamente sus cuestionamientos y sus interrogantes sobre el rumbo del partido. La discusión dejó de ser solamente quién será candidato en 2027 y pasó a ser algo bastante más profundo: qué peronismo pretende construir San Luis para volver a ser competitivo.

Mientras tanto, aparecen nuevas figuras.

Karina Fabi es uno de esos nombres que intenta abrirse paso por fuera de las estructuras tradicionales. Empresaria y asesora económica, comenzó a construir su espacio Nueva Generación con una propuesta que busca diferenciarse de las estructuras políticas tradicionales.

No significa que esas nuevas figuras tengan asegurado un lugar en el escenario electoral. Significa algo más interesante: hay una parte del electorado que está disponible para escuchar discursos que no provengan necesariamente de los partidos tradicionales.

Y eso debería ser una señal para todos.

San Luis ya cambió

Quizás el mayor error de la dirigencia tradicional sea mirar 2027 con los mismos anteojos con los que miraba 2007.

San Luis ya no es aquella provincia en la que una estructura política podía organizar una elección casi exclusivamente desde sus intendentes, sus dirigentes y sus aparatos territoriales.

El electorado cambió. Las demandas cambiaron. La relación entre los ciudadanos y la política cambió. Y también cambió la paciencia.

El resultado de 2023 fue una señal extraordinaria: el peronismo perdió una provincia que había gobernado durante décadas. Poggi no solamente ganó una elección; consiguió quebrar una hegemonía que parecía mucho más resistente.

Por eso 2027 no será simplemente una elección entre Poggi y los Rodríguez Saá.

Será, en buena medida, una discusión entre modelos de construcción política.

¿Volver al pasado o crear futuro?

Tal vez ahí esté encerrado el verdadero enigma electoral.

Una parte del peronismo parece mirar hacia atrás buscando reconstruir aquello que alguna vez funcionó: los hermanos, la estructura, los nombres conocidos, los viejos acuerdos y las viejas lealtades.

Otra parte del escenario político empieza a mirar hacia adelante, buscando dirigentes nuevos, discursos nuevos y formas nuevas de relacionarse con una sociedad que ya no parece dispuesta a entregar su voto por tradición.

Y entre esos dos mundos está Poggi, haciendo algo mucho menos épico pero políticamente concreto: gobernar, recorrer, entregar viviendas, llegar a las escuelas, visitar localidades y mantener activa su presencia territorial.

El peronismo tiene todavía tiempo para ordenar su casa. Pero cada día que pasa sin hacerlo, ese tiempo vale menos. Porque mientras los hermanos discuten, otros construyen. Mientras el PJ intenta definir quién tiene razón, otros intentan definir qué viene después.

Y mientras una generación política busca recuperar el pasado, otra empieza a preguntarse si no llegó finalmente la hora de dejar de mirar por el espejo retrovisor.

Quizás 2027 no se trate solamente de volver. Quizás se trate de reinventarse.

Como hacen los emprendedores cuando el mercado cambia: pueden añorar el modelo que alguna vez funcionó, pueden defenderlo hasta el último argumento o pueden entender que las reglas cambiaron y que para competir hay que construir algo diferente.

San Luis parece estar entrando justamente en esa etapa. Y la pregunta que queda flotando no es solamente qué harán los hermanos Rodríguez Saá. Es bastante más incómoda:

¿Qué hará el peronismo cuando descubra que, aun reconciliándose, ya no alcanza con volver a ser el que era?

 

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