Vocación a prueba de distancia: El latido de las escuelas rurales del Departamento Belgrano en el Día del Maestro Rural Sanluiseño
Este 4 de noviembre San Luis celebra por primera vez el Día del Maestro Rural Sanluiseño. Desde La Posta de San Luis nos adentramos en el corazón del Departamento Belgrano para charlar con tres docentes que, entre caminos de tierra, pizarradas compartidas y un compromiso inquebrantable, transforman la soledad del monte en un hogar de aprendizaje.
En los parajes del Departamento Belgrano, ese territorio de distancias largas, tierra árida y con silencios de campo como paisajes predominantes, la escuela es muchos más que solo un edificio de aulas y banderas.
Hoy, 4 de noviembre, la provincia de San Luis rinde tributo por primera vez de forma oficial a sus maestros rurales puntanos. Para conocer cómo se siente, cómo se vive y cómo se sostiene esa hermosa tarea cotidiana, en La Posta de San Luis reunimos los relatos de tres educadores que le ponen el cuerpo y el corazón al aula rural: Héctor Godoy, Carina de los Ángeles Sosa y Delia Lucero.
Escuela paraje San Pedro
Las escuelas y sus guardianes
Cada una de estas instituciones encierra una realidad propia, entrelazada por el aula multigrado y la dedicación personalizada:
Escuela N.º 263 «Ministro Adolfo Barbeito» (San Pedro): Al frente está Héctor Godoy, docente de Personal Único. En su aula conviven 6 alumnos de nivel inicial (salita de 5) y primaria (1.º, 3.º, 4.º y 6.º grado), junto a la oferta de secundaria generativa.
Escuela N.º 127 «San Lorenzo» (Paraje San Antonio): Con 21 años de trayectoria en el establecimiento como docente de Personal Único, Carina de los Ángeles Sosa guía a 9 niños (1 de nivel inicial y 8 de primaria distribuidos en 2.º, 3.º, 4.º y 6.º grado).
Escuela N.º 369 «Gobernador Alberto Arancibia Rodríguez» (Los Chañares): Dirigida por Delia Lucero —quien actualmente se encuentra de licencia y es reemplazada momentáneamente— junto al acompañamiento de la profesora de educación física María Belén Nogara. Es una escuela de tercera categoría con una matrícula de 9 alumnos entre 3.º y 6.º grado.
Enseñar entre distintas edades: el arte del andamiaje y la empatía
Organizar la jornada escolar con niños de distintas edades y grados en un mismo salón requiere una ingeniería pedagógica artesanal. Lejos de la clase frontal tradicional, las estrategias se adaptan al ritmo de cada chico.
Mientras Héctor trabaja de forma muy personalizada redactando consignas en las hojas de los cuadernos según la asistencia y la velocidad de aprendizaje de cada alumno, Carina y Delia coinciden en el uso de ejes temáticos transversales.
«Trabajamos mucho por ejes comunes —por ejemplo, el agua o la historia local— pero cada grupo lo aborda con un nivel de complejidad diferente. La gran ventaja es que los más grandes brindan andamiaje y explican consignas a los más pequeños; se logra un clima muy familiar», detalla Delia Lucero.
Escuela de Los Chañares
Más allá del pizarrón: desafíos, soledad e infraestructura
Estar al frente de una escuela rural implica resolver contratiempos que en la ciudad parecen impensables. Los cortes de luz, la falta de agua, la conectividad inestable o los caminos de tierra que se vuelven intransitables tras una lluvia torrencial son parte del día a día.
Sin embargo, para los maestros de Personal Único hay una huella que va más allá de lo logístico: el silencio que queda cuando la jornada concluye.
«Los mayores retos son enfrentar la soledad del resto del día. Cuando están los alumnos, la mañana está llena de risas y bullicio, pero después queda un silencio abrumador que con el tiempo aprendes a sobrellevar. A nivel pedagógico, el reto es mantenerse activo y capacitado para convertir a las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial en aliadas», reflexiona Carina Sosa.
A esto se suma la multitarea cotidiana. En el campo no hay directores de secretaría ni técnicos a dos cuadras. El maestro es también gestor, enfermero para curar rodillas raspadas, contención emocional en momentos tristes, encargado del mantenimiento y hasta nexo para traer mercadería o remedios desde la ciudad.
La escuela como el corazón del paraje
En la ruralidad, la frontera entre la escuela y la comunidad se desdibuja por completo. Nos conocemos por el nombre, se comparten los mates, los cumpleaños y también las angustias que golpean la economía local, como una sequía o una helada fuerte que afecta a los animales.
Las rutinas de viaje son un testimonio de ese compromiso:
Héctor Godoy se instala en la escuela de San Pedro y recorre unos 60 kilómetros tres veces a la semana hacia la ciudad.
Carina Sosa pernocta toda la semana en la institución de San Antonio: viaja los domingos por la tarde y regresa a su hogar los viernes al mediodía.
Delia Lucero realiza a diario un periplo de 67 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta por caminos de asfalto y parte de tierra, madrugando para estar al frente de la institución educativa antes de que ingresen los chicos.
Historias que marcan a fuego el corazón docente
Al preguntarles por el sentido profundo de su labor, los tres docentes coinciden en que los mayores logros no siempre se miden en planillas, sino en la huella humana que dejan en sus comunidades.
Carina mira hacia atrás con el orgullo intacto tras más de dos décadas en el Paraje San Antonio:
«En estos años he visto pasar muchos alumnos y cada uno me llena de orgullo. Han construido un futuro provechoso, algunos con títulos profesionales y otros con emprendimientos que se gestaron en las paredes de esta aula rural. El logro de cada uno es una historia de superación que te marca a fuego el corazón y hace que valga la pena el esfuerzo».
Por su parte, Delia encuentra su mayor recompensa en el amor cotidiano de los chicos hacia su espacio de aprendizaje:
«Mi mayor logro es la asistencia perfecta. Ellos aman estar en la escuela; los días de asueto son una gran decepción para ellos. Saber cuánto disfrutan su escuela me llena el alma, siento que estoy cumpliendo mi misión. Y ni hablar los días que tienen educación física con la profe Belén, ¡es una fiesta!».
En este primer Día del Maestro Rural Sanluiseño, desde La Posta de San Luis celebramos a Héctor, Carina, Delia y a cada educador que, con una tiza en la mano y el alma puesta en el camino, sigue sembrando futuro en la tierra profunda de nuestra provincia.