San José del Morro: Batalla Cerrito la Avanzada, una de las tantas luchas entre Ranqueles y militares del Fortín del Morro

Tuvo lugar en el año 1866 y es una de las tantas luchas sangrientas que se libraron en esa localidad, cuna del prócer Juan Esteban Pedernera y refugio de invaluables historias.

El pequeño pueblo, ubicado en el Departamento Pedernera, es uno de los más antiguos de la provincia de San Luis y como tal, guarda una rica historia e infinidad de anécdotas y leyendas. En ese sentido, el Morro es muy conocido por la cautiva Tiburcia Escudero, la mujer que fue prisionera de los Ranqueles y que logró escapar a o pesar de que le descarnaron la planta de sus pies para evitarlo.

Tiburcia no fue la única cautiva que logró escapar, pero sí la que pasó a la inmortalidad por sus reiterados y hozados intentos de huir de la tribu de Ranqueles que la privó de su libertad hasta lograrlo a pesar de tener sus pies lastimados.

Pero no es la historia de Dña. Escudero la que hoy nos ocupa. En este caso, la Secretaria de Cultura de la Municipalidad de San José del Morro, Mary Silvia Páez, difundió uno de los tantos relatos que guarda su memoria, transmitidos por sus ancestros: abuelos, tíos y madre. En este caso, en referencia a una batalla librada en el año 1866 en el lugar cercano al pueblo llamado Cerrito la Avanzada (fotos de ilustración), entre la fuerza militar del FortÌn del Morro y los Ranqueles. En esa batalla el Sargento Ascencio Almirón, quien se desempeñaba como Clarín del Fortín, recibió un lanzazo en el hombro izquierdo, ocasionándole una gravísima lesión que lo llevó a que le cortasen el brazo.

A continuación el testimonio que Mary Silvia Páez plasmó en un grupo de Facebook llamado «San José del Morro – Pinceladas de Recuerdos»:

«Era ya de mañanita cuando apareció un grupo como e cincuenta indios. Traían como 500 yeguas y 3.000 vacas .Habíamos salido el fortín pa perseguirlos y tratar e´ quitarles el arreo. Desde lejos se oía el balido e´ la hacienda y los gritos e´ la indiada . En cuanto nos vieron se juntaron haciendo un círculo con las cabezas e´ los caballos pa´ dentro, mientras otros en el centro hablaban.

Enseguida blandiendo las lanzas y haciendo molinetes , dejaron el arreo y nos atacaron entre el griterío de siempre. Nosotros nos habíamos formao en cuadros en el lau del Sur del «Cerrito la Avanzada» , y cuando estuvieron cerca desmontaron . Y cuando íbamos a encontrarnos se nos vino e´ golpe una cerrazón tremenda. No se veía ni a diez pasos. Los hombres se distinguían cuando ya estaban encima y con sombras. Y así entramos a peliar, casi sin vernos, por lo que debimos cambiar la treta, y enfrentarnos cuerpo a cuerpo por una, dos, tres horas, hasta mediodía en que se despejó.

Por todos lados aparecían muertos, lo mismo que heridos que se quejaban. Pero como el arreo había seguido la marcha alejándose, los indios volvieron a montar y desaparecieron. Y nosotros no los seguimos porque la verdad era que no nos habían quedau muchas ganas y teníamos los mancarrones aplastaus, a mi me habían tirau un lanzazo , lo que hizo que pa´ esquivarlo agarrase la lanza con la mano derecha, eso llevó a que se me cortasen los tendones y no la podia mover. Pero los indios no avanzaron al pueblo al que habíamos salvao»….

Narración transmitida de generación en generación , a causa de la lesión en su mano le quedó la mano derecha semicerrada. Nacido en 1825, ANSELMO CREVICO OROZCO fue un criollo que creciò en un medio telúrico campestre que lo había llevado a que fuese un hombre de a caballo , al igual que muchos otros pobladores del Morro, Al caballo lo dominaba en forma maestra y fue su amigo predilecto, al igual que el lazo y el cuchillo.

La actividad diaria del campo, que lo llevaba a realizar un trabajo duro y rutinario de rastrear, campear, trenzar, carnear, de enfrentar a pumas y hasta el indio en soledad, lo fueron fogueando y le dieron el temple y aptitud para la lucha. A la edad de diecisiete años habia sido arrastrado a la frontera en esos arreos de la campaña militar en los que nadie se salvaba, y los que no habían podido desertar allí se quedaban poniendo su hombro por la patria, en carácter de soldado.

Ese hombre que ha sido mi tatarabuelo materno, como consecuencia de la vida difícil que le tocó vivir; pasados los años tienía la cara sombría, con barba renegrida, y en la mano derecha le faltaban dedos, consecuencia de las lesiones sufridas en distintos combates.

A posterior se unió en pareja con MARIA ZAPATA, y de cuya unión nació LORENZO ZAPATA, que al igual que su padre fue un soldado del Cuerpo de «DRAGONES DE LA UNION» con asiento en el fortín del Morro.

Según informa Wikipedia, El Morro fue famosa posta y fortín en el camino de Buenos Aires a las provincias de Cuyo. El pueblo se construyó alrededor de la histórica Iglesia de San José del Morro, construida en la primera mitad del siglo XVIII. Su arquitectura es muy modesta, como todas las capillas de la zona: posee una torre campanario y una sola nave, también tiene un museo. A 4 km de San José del Morro, se encuentra Los Nogales, propiedad donde nació Juan Esteban Pedernera, soldado de la independencia argentina, gobernador provincial, y presidente interino de la Confederación Argentina.1​ Fue el lugar de residencia del gobernador Pablo Lucero (gobernador provincial durante 13 años) y sitió donde impartia órdenes para toda la provincia. Los malones destruyeron e invadieron en varias oportunidades la localidad, hecho que llevó al gobernador Pablo Lucero a reconstruirla en 1841 y fijó su campamento en 1844 con el famoso regimiento puntano llamado «Los Dragones de La Unión» donde se distinguieron los hermanos Juan y Felipe Saá en la Batalla de Laguna Amarilla.