Ante la ausencia del Estado, vecinos de Merlo toman el control y financian obras
En Villa de Merlo, la postal del deterioro urbano ya no se limita a los barrios: alcanzó incluso a uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad. Mientras vecinos financian de su bolsillo el arreglo de calles, el estado de la infraestructura pública empieza a impactar también en zonas clave como la Avenida del Sol.
El caso más visible se da en el barrio La Arbolada, donde familias decidieron contratar maquinaria privada para reparar calles completamente deterioradas tras más de un año y medio sin mantenimiento, según describió El Corredor Noticias.
La escena —motoniveladoras trabajando en calles públicas pagadas por vecinos— dejó de ser excepcional y comienza a repetirse en distintos sectores de la ciudad. Según relató el mismo medio, la falta de respuestas oficiales empujó a los propios frentistas a asumir tareas que corresponden al municipio, desde el arreglo de calles hasta el mantenimiento de espacios verdes y la colocación de señalización básica.
Pero el dato que profundiza la crisis es que el deterioro ya no queda encapsulado en los barrios. También se hace visible en la Avenida del Sol, una de las principales arterias comerciales y turísticas de Merlo, donde vecinos y comerciantes vienen alertando por el marcado desgaste del asfalto, con baches y tramos dañados que afectan tanto la circulación como la imagen de la ciudad, según informó El Corredor Noticias.

La situación genera preocupación no solo por la transitabilidad diaria, sino también por el impacto en el perfil turístico de la localidad. La avenida funciona como una “vidriera urbana”, y su deterioro empieza a consolidarse como símbolo de un problema más amplio: la falta de mantenimiento y planificación.
En ese contexto, el fenómeno adquiere otra dimensión. Ya no se trata únicamente de vecinos organizándose ante una urgencia puntual, sino de una sustitución progresiva del Estado. Lo que debería ser una excepción —la colaboración comunitaria— se transforma en regla ante la ausencia de gestión.
El malestar crece a la par de las soluciones improvisadas. Porque mientras los vecinos pagan impuestos, también terminan financiando servicios básicos, generando un esquema que, en términos prácticos, implica un doble costo.
En Merlo, el diagnóstico empieza a consolidarse: el abandono dejó de ser una percepción para convertirse en evidencia visible, tanto en los barrios como en las avenidas principales. Y cuando la obra pública depende del bolsillo de los vecinos, lo que está en discusión ya no es solo el estado de las calles, sino el rol mismo del municipio.


ECN











