Tierras raras: el recurso estratégico que también está bajo las sierras de San Luis
El Servicio Geológico Minero Argentino identificó mineralizaciones de estos elementos en San Luis, entre ellas el yacimiento Rodeo de los Molles, en el departamento San Martín. La provincia también registra concentraciones en La Carolina, mientras que Salta, Jujuy, Santiago del Estero y Córdoba aparecen en el mapa nacional. Qué son las tierras raras, para qué se utilizan y por qué Argentina busca impulsar su exploración.
Las sierras de San Luis guardan, además de una larga historia minera, un recurso que en los últimos años comenzó a adquirir una importancia creciente a nivel mundial: las llamadas tierras raras.
El Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR), organismo científico-técnico especializado en el conocimiento geológico y los recursos minerales del país, identifica en la provincia distintas mineralizaciones de estos elementos, entre ellas el yacimiento Rodeo de los Molles, ubicado en el departamento San Martín, además de concentraciones secundarias asociadas a sedimentos aluviales en el área de La Carolina.
El dato adquiere una nueva dimensión en el contexto actual: las tierras raras dejaron de ser consideradas simplemente un recurso mineral de interés geológico para convertirse en componentes estratégicos de numerosas industrias vinculadas con la electrónica, las energías renovables, los vehículos eléctricos, los sistemas de defensa y las tecnologías de alta precisión.
El Gobierno nacional informó en junio de 2026 que el estudio realizado por SEGEMAR identificó 190.395 toneladas de recursos de tierras raras en Argentina, distribuidas en yacimientos de cinco provincias. Además, el organismo elaboró una evaluación estadística que estimó un potencial geológico de aproximadamente 3,3 millones de toneladas de elementos de tierras raras (ETR), aunque esta última cifra no representa reservas mineras comprobadas ni material actualmente explotable.
¿Qué son las tierras raras?
Aunque su nombre puede llevar a pensar que se trata de minerales extremadamente escasos, las tierras raras son en realidad un conjunto de 17 elementos químicos: los 15 lantánidos, más el escandio y el itrio.
Entre ellos se encuentran el neodimio, praseodimio, lantano, cerio, samario, europio, gadolinio, terbio y disprosio, entre otros.
El término “raras” no significa necesariamente que sean poco abundantes en la naturaleza. El problema está en que suelen encontrarse dispersas y en concentraciones relativamente bajas, lo que dificulta su extracción y, sobre todo, su separación y procesamiento económico.
Por eso, la existencia de una concentración geológica no significa automáticamente que exista una mina económicamente viable. Para pasar de una ocurrencia o recurso a una explotación comercial son necesarios trabajos de exploración, estudios de factibilidad, infraestructura y evaluación de los costos de extracción y procesamiento.
Su importancia radica en sus propiedades magnéticas, ópticas, eléctricas y catalíticas.
El neodimio y el praseodimio, por ejemplo, son fundamentales para fabricar imanes permanentes de alta potencia. Estos componentes se utilizan en motores eléctricos y generadores eólicos, entre otras aplicaciones.
Otros elementos se emplean en pantallas, dispositivos electrónicos, sistemas ópticos, catalizadores, láseres, equipos médicos, baterías, componentes industriales y distintas tecnologías de defensa.
Rodeo de los Molles, el antecedente puntano
En San Luis, uno de los registros más importantes corresponde a Rodeo de los Molles, en el departamento San Martín, identificado por SEGEMAR como una mineralización de tierras raras.
La Base de Datos de Yacimientos Minerales del organismo registra allí distintos antecedentes vinculados con ETR.
El estudio técnico de SEGEMAR explica que en la provincia existen mineralizaciones primarias, asociadas a procesos ígneos e hidrotermales, y también mineralizaciones secundarias.
En el caso de Rodeo de los Molles, la mineralización está relacionada con rocas y procesos geológicos de origen magmático. El área constituye un antecedente conocido desde hace décadas y fue objeto de estudios específicos por su contenido de tierras raras, torio y uranio.
Uno de los registros históricos consignados por SEGEMAR estimó 90.000 toneladas de mineral con una ley de 2,52% de ETR, lo que equivale aproximadamente a 2.268 toneladas de elementos de tierras raras contenidos.
Se trata de una estimación histórica y provisoria, por lo que no debe interpretarse como una reserva minera actualmente disponible para explotación.
El dato, sin embargo, demuestra que la presencia de tierras raras en San Luis no es una novedad surgida a partir del actual interés internacional: la provincia cuenta con antecedentes geológicos documentados desde hace décadas.
La Carolina también aparece en el mapa
El potencial puntano no se limita a Rodeo de los Molles.
SEGEMAR identifica mineralizaciones secundarias de tierras raras en los aluviones de La Carolina, donde determinados minerales pueden haberse concentrado como consecuencia de procesos de meteorización y transporte sedimentario.
Esto resulta particularmente interesante porque muestra que las tierras raras pueden presentarse en San Luis bajo diferentes modelos geológicos.
El informe nacional distingue justamente entre depósitos primarios, relacionados con procesos ígneos e hidrotermales, y depósitos secundarios, en los que la concentración de los minerales se produce mediante procesos sedimentarios y de meteorización.
San Luis dentro de un mapa nacional
La provincia forma parte de un escenario mucho más amplio.
El informe de SEGEMAR ubica depósitos con mineralizaciones primarias de tierras raras en el noroeste argentino, principalmente Salta y Jujuy; San Luis; y el sur de Santiago del Estero.
A estos se suman mineralizaciones secundarias en Córdoba, particularmente en los aluviones del río Ctalamuchita; en San Luis, en el área de La Carolina; y concentraciones en niveles arcillosos de Barker, provincia de Buenos Aires.
El organismo también señala mineralizaciones todavía no evaluadas en las pegmatitas del distrito Valle Fértil, en San Juan, además de concentraciones de tierras raras en costras de hierro y manganeso de la Plataforma Continental Argentina.
De esta manera, el mapa argentino de tierras raras abarca ambientes geológicos muy diferentes: depósitos primarios vinculados con rocas ígneas, concentraciones aluviales, niveles arcillosos y manifestaciones en ambientes marinos.
Un potencial mucho mayor que los recursos ya identificados
Una de las cuestiones más importantes para comprender el verdadero alcance del fenómeno es diferenciar entre recurso identificado y potencial geológico.
SEGEMAR calculó, a partir de la información disponible sobre los distintos modelos de depósitos, unos 190.395 toneladas de ETR correspondientes a recursos identificados.
Pero, mediante una evaluación estadística sobre determinados modelos de depósitos vinculados con episodios extensionales mesozoicos, estimó además un potencial de aproximadamente 3,3 millones de toneladas de ETR, al que se agregan unas 27.000 toneladas de torio.
No se trata, sin embargo, de tres millones de toneladas listas para ser extraídas.
La diferencia es fundamental: un recurso identificado cuenta con evidencia geológica concreta, mientras que una estimación de potencial representa una evaluación de lo que podría existir en determinadas condiciones geológicas y requiere trabajos de exploración para ser confirmado.
En otras palabras, la Argentina tiene una importante carta geológica sobre la mesa, pero todavía falta jugar buena parte de la partida minera.
Un recurso que empieza a ser estratégico
El renovado interés por estos minerales no es casual.
Durante décadas, China construyó una posición dominante en la cadena mundial de las tierras raras, especialmente en las etapas de procesamiento y separación. SEGEMAR señala que hacia 2010 China llegó a concentrar alrededor del 95% del suministro mundial de ETR procesados.
La expansión de los vehículos eléctricos, los aerogeneradores, la electrónica avanzada y otras tecnologías incrementó la importancia estratégica de estos elementos.
El neodimio, por ejemplo, permite fabricar imanes de enorme potencia en relación con su tamaño. Esto los vuelve especialmente útiles para motores eléctricos y generadores que necesitan ser compactos y eficientes.
Por esa razón, las tierras raras comenzaron a ser consideradas un recurso estratégico por numerosos países que buscan diversificar sus fuentes de abastecimiento y reducir su dependencia de un reducido número de proveedores.
Argentina vuelve a mirar sus recursos
El interés nacional también se aceleró durante 2026.
El Gobierno nacional informó el 2 de junio que el estudio de SEGEMAR sobre tierras raras forma parte de los fundamentos técnicos del proyecto legislativo denominado “Impulso a las Tierras Raras”, presentado en la Cámara de Diputados.
La iniciativa busca favorecer la exploración de estos minerales y propone considerarlos estratégicos, además de contemplar su incorporación al Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI).
El movimiento se produce mientras SEGEMAR continúa actualizando la información geológica del país.
En 2025, el organismo publicó el mapa “Depósitos, ocurrencias y áreas favorables de elementos de las tierras raras (ETR) en la República Argentina”, a escala 1:5.000.000.
El trabajo reúne información sobre depósitos conocidos, ocurrencias y áreas consideradas favorables para estos elementos y constituye una herramienta para orientar futuras tareas de exploración.
¿Qué significa para San Luis?
Para la provincia, el escenario abre una posibilidad que por ahora debe ser observada con cautela.
San Luis no puede ser presentada, con la información oficial disponible, como la provincia que concentra la mayor cantidad de tierras raras del país. El estudio nacional identifica recursos importantes también en Salta, Jujuy, Santiago del Estero y otras provincias, y los volúmenes varían considerablemente entre los distintos distritos.
Pero la provincia sí posee algo concreto: yacimientos y ocurrencias reconocidos oficialmente por SEGEMAR, entre ellos el histórico depósito de Rodeo de los Molles, además de las concentraciones secundarias de La Carolina.
El nuevo escenario nacional podría volver a poner estos antecedentes en el radar de organismos y empresas de exploración.
El verdadero desafío será determinar cuánto material existe efectivamente, cuáles son sus leyes, qué elementos específicos predominan, qué métodos de extracción y separación podrían utilizarse y, fundamentalmente, si los depósitos pueden alcanzar una escala y una rentabilidad que justifiquen una explotación.
También será necesario evaluar los aspectos ambientales, hídricos y territoriales asociados a cualquier eventual proyecto.
Por ahora, lo que existe es una base geológica comprobada y un potencial que todavía necesita ser explorado.
Y en un mundo en el que un pequeño imán de neodimio puede ser un componente crítico de un motor eléctrico, de un aerogenerador o de un dispositivo tecnológico, aquellas viejas referencias geológicas escondidas entre las sierras puntanas adquieren una dimensión completamente diferente.
Lo que durante décadas fue principalmente una cuestión de interés para la geología minera puede convertirse, en los próximos años, en uno de los recursos estratégicos que Argentina busque incorporar a su matriz productiva.
Para San Luis, la historia parece estar entrando en una nueva etapa: la de volver a mirar debajo de sus propias sierras.
El desafío de encontrar el equilibrio
El renovado interés por las tierras raras también inevitablemente abrirá el debate con las organizaciones ambientalistas y con sectores de la sociedad que cuestionan la actividad minera por sus posibles impactos sobre el agua, los ecosistemas y los territorios. Esas advertencias merecen ser escuchadas y evaluadas con estudios rigurosos, controles independientes y reglas claras. Pero también resulta necesario evitar que la discusión quede atrapada entre dos extremos: una explotación sin límites o un rechazo automático a cualquier posibilidad de desarrollo minero.
La Argentina puede darse el lujo de discutir cómo explotar sus recursos, pero difícilmente pueda darse el lujo de no conocerlos. Si un proyecto resulta ambientalmente inviable, deberá descartarse; pero si existen tecnologías, controles y condiciones capaces de hacerlo compatible con el ambiente, rechazarlo antes de siquiera explorarlo también puede significar resignar inversiones, empleo, desarrollo tecnológico y la posibilidad de que recursos estratégicos permanezcan dentro de una cadena de valor nacional.
En el caso de las tierras raras, quizás el verdadero desafío no sea elegir entre ambiente o minería, sino demostrar que una cosa no necesariamente tiene que significar la desaparición de la otra.












