Tras las tragedias en Venezuela y Colombia: por qué San Luis debe mirarse en el espejo del riesgo sísmico
Los devastadores terremotos que sacudieron a Venezuela e hicieron colapsar estructuras este lunes en Colombia encendieron las alarmas en toda Sudamérica. Aunque en la provincia prima un histórico sentido de inmunidad, expertos en geología advierten que San Luis Capital y sus sierras están asentadas sobre fallas tectónicas activas y llaman a tomar medidas antes de que sea tarde.
Las impactantes imágenes de los recientes terremotos en Venezuela —donde dos sismos masivos dejaron miles de víctimas y pérdidas multimillonarias— sumadas al trágico sismo de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia este lunes 10 de agosto, reabrieron con fuerza la conversación pública sobre la vulnerabilidad sísmica en la región.
En San Luis, este tipo de noticias suele ser recibido con distancia, bajo la creencia colectiva de que la provincia es ajena a la furia de la tierra. Sin embargo, la ciencia técnica desmiente este mito y enciende una luz de advertencia.
San Luis Capital y sus sierras: asentadas sobre fallas activas
En una reciente entrevista brindada al canal La Nación, el destacado geólogo argentino Andrés Folguera analizó el escenario tectónico nacional e hizo hincapié en la falta de conciencia que existe en varios puntos de la Argentina. Durante su exposición, Folguera fue contundente respecto a nuestra geografía local: la ciudad de San Luis y el sistema de las Sierras Pampianas están emplazados directamente sobre fallas geológicas activas.
El especialista señaló que, debido a una falta de planificación territorial histórica y a la ignorancia de la geología urbana, estructuras neurálgicas de la provincia se encuentran expuestas. Como ejemplo revelador, Folguera remarcó que el propio Hospital Central de la ciudad de San Luis —ubicado en uno de los accesos principales a la capital— está construido justo por encima de la traza de la Falla de San Luis.
A diferencia de la Cordillera de los Andes en San Juan o Mendoza —donde la deformación es acelerada y los terremotos destructivos se repiten periódicamente—, las fallas que delimitan las sierras puntanas presentan largos períodos de recurrencia. Esto significa que un sismo de gran magnitud (cercano a 6,5 o 7 grados) puede tardar 300 o 400 años en volver a manifestarse. Esa «paz» prolongada es, según el científico, la que adormece la memoria colectiva y posterga la cultura de la prevención.

El antecedente de 2019: una llamada de atención que el azar salvó
La historia reciente demuestra que la tierra bajo nuestros pies no está dormida. El 19 de noviembre de 2019, un fuerte sismo de 6,0 grados de magnitud en la escala de Richter sacudió la provincia a las 20:10, provocando pánico, oscilación de edificios y la evacuación de lugares públicos en la capital puntana.
Aquel evento no derivó en una tragedia con víctimas ni derrumbes graves por un único factor fortuito: el epicentro ocurrió a 14 kilómetros de profundidad en una zona deshabitada, cerca del límite entre San Luis y Mendoza. Si esa misma liberación de energía se hubiera producido escasos kilómetros más al este, sobre el ejido urbano de la capital o del Gran San Luis, la realidad edilicia nos habría enfrentado a un escenario diametralmente opuesto.
Planificar y educar: los pilares de la prevención
El geólogo Folguera remarcó que los países y ciudades golpeados por sismos sufren retrocesos de décadas en sus economías por el costo de la reconstrucción, superando infinitamente cualquier inversión preventiva. En San Luis, la respuesta no pasa por infundir pánico, sino por construir un Estado y una ciudadanía educados en el riesgo:
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Planificación territorial urgente: Evitar la expansión de barrios o la construcción de infraestructura pública sobre trazas de fallas activas o suelos blandos sedimentarios.
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Fiscalización del código sismorresistente: Exigir que tanto las obras privadas como los edificios de salud, escuelas y puentes cumplan de forma estricta con las normativas antisísmicas vigentes.
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Educación desde abajo hacia arriba: Promover simulacros periódicos en escuelas y reparticiones públicas, para que cada vecino sepa cómo actuar antes, durante y después de un temblor.
Las tragedias en el norte de nuestro continente y las precisiones de los científicos no deben caer en saco roto. El movimiento de 2019 en suelo puntano fue un aviso afortunado; actuar hoy con prevención y planificación es el único camino para garantizar que el próximo ciclo geológico nos encuentre protegidos.
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