Uruguay aprueba la eutanasia y revive el debate: el proyecto que en Argentina impulsó el puntano Alejandro Cacace duerme en el Congreso
Mientras Uruguay acaba de convertirse en el primer país de América Latina en legalizar la eutanasia, en Argentina el tema sigue en pausa. En 2021, un grupo de legisladores radicales —entre ellos el puntano Alejandro Cacase— presentó un proyecto de ley para regular la “muerte digna”. Pero la iniciativa nunca fue tratada. Cuatro años después, el espejo uruguayo vuelve a poner el tema sobre la mesa: ¿por qué allá sí y acá no?
Un paso histórico en el país vecino
El Parlamento uruguayo aprobó esta semana la Ley de Eutanasia y Suicidio Asistido, que permite a personas con enfermedades incurables o padecimientos insoportables solicitar ayuda médica para morir de manera voluntaria y controlada. Con esta decisión, Uruguay se convirtió en el primer país latinoamericano en garantizar este derecho por ley.
La norma incluye controles estrictos: el paciente debe ser mayor de edad, estar en pleno uso de sus facultades mentales, recibir la aprobación de dos médicos y contar con un proceso de acompañamiento. No obliga a los profesionales a practicarla, pero les exige derivar el caso si se niegan por razones personales o religiosas.
Argentina: el intento que no prosperó
En diciembre de 2021, diputados y senadores del radicalismo presentaron un proyecto de ley llamado “Buena Muerte y Regulación de la Eutanasia”. La propuesta fue firmada por Alejandro Cacase (San Luis), Alfredo Cornejo, Jimena Latorre y otros legisladores de la UCR.
El texto planteaba que las personas con enfermedades graves, crónicas e incurables, o con sufrimientos físicos o psíquicos intolerables, pudieran solicitar asistencia médica para poner fin a su vida de manera digna. Pero la iniciativa nunca llegó al recinto. Quedó archivada en comisiones, sin debate público ni acompañamiento del oficialismo de aquel entonces.
Lecciones que deja Uruguay
El caso uruguayo muestra que el tema puede discutirse con madurez política y sin caer en trincheras morales. La diferencia clave: allá, el debate se sostuvo durante más de cinco años, con audiencias públicas, acompañamiento de asociaciones civiles y respaldo transversal de distintos partidos.
En Argentina, en cambio, el proyecto radical se presentó en un contexto de polarización extrema y sin continuidad política. Faltó lo que Uruguay tuvo: constancia, apertura y una narrativa centrada en el derecho a decidir, no en la polémica.
El espejo y la oportunidad
La aprobación uruguaya vuelve a poner presión sobre el Congreso argentino. No solo por el precedente regional, sino porque el debate sobre la autonomía individual —desde la interrupción voluntaria del embarazo hasta el final de la vida— sigue siendo parte de una misma conversación: el derecho a decidir sobre el propio cuerpo y el propio destino.
Para muchos, la pregunta ya no es si Argentina debe debatir la eutanasia, sino cuándo volverá a hacerlo.
Y si será esta vez, o dentro de otros cuatro años, cuando alguien —como lo hizo Cacase— se anime a reabrir el expediente que todavía espera en un cajón.











