EDITORIAL. El sutil arte de la distancia: por qué la foto de Poggi en Mercedes valió más que la de Tucumán
Mientras Javier Milei buscaba escenificar gobernabilidad en el norte, el gobernador puntano plantó bandera en territorio propio. Silencio oficial, el llamativo contraste con el Pacto de Mayo y una postal de pragmatismo junto a Maximiliano Frontera que redefine el tablero provincial.
La política es, ante todo, una batalla de símbolos. Ayer, 9 de Julio, mientras el presidente Javier Milei buscaba escenificar en la Casa Histórica de Tucumán un nuevo pacto de gobernabilidad rodeado de un cerrado pelotón de gobernadores (13), el mapa político de San Luis eligió contar otra historia. Claudio Poggi no estuvo en la foto del norte. Decidió, en cambio, quedarse a jugar en el tablero local, dejando una postal que abre un interrogante central: ¿comenzó el gobernador puntano a tomar una calculada distancia de la Casa Rosada?
Para el manual de la política tradicional, ausentarse de una cita presidencial de esa magnitud podría leerse como un desaire o un quiebre. Sin embargo, en este fino equilibrio, la jugada parece responder a una necesidad mucho más pragmática: la de blindar la gestión provincial y priorizar la «localía» en tiempos donde el bolsillo manda. En lugar del frío protocolo de un acta nacional con sabor a respaldo a la gestión del presidente Milei, el mandatario provincial optó por las cuatro horas de desfile en la Avenida Mitre de Villa Mercedes. Y no lo hizo solo.
El faltazo llama la atención si se mira el espejo retrovisor: hace exactamente dos años, Poggi había estado en ese mismo escenario histórico ratificando su sintonía con el Presidente al estampar su firma en el Pacto de Mayo. Esta vez, desde Terrazas del Portezuelo optaron por el hermetismo y no emitieron ningún comunicado oficial que justificara los motivos de no aceptar la invitación nacional, dejando que el silencio hable por sí solo a través de los hechos.
La verdadera demostración política no fue solo la ausencia en Tucumán, sino la cercanía en Mercedes. Compartir el palco central, codo a codo, con el intedente peronista Maximiliano Frontera es un mensaje que trasciende la mera cortesía institucional. En una provincia históricamente marcada por las divisiones irreconciliables, ver al Gobernador y al Intendente que otrora fuera un brazo del rodriguesaismo y líder indiscutible de la segunda ciudad más importante gestionando en sintonía es -sin duda- una señal política.
Para Poggi, consolidar su presencia en el bastión mercedino al lado de Frontera le permite llegar de forma directa a un electorado clave sin intermediarios hostiles. Para Frontera, el pragmatismo con Terrazas del Portezuelo garantiza el flujo de recursos en un contexto nacional de sequía absoluta de obra pública. Ambos parecen haber entendido que, ante la crisis, la demanda social exige gestión sobre la grieta.
Mientras tanto, la relación con el universo libertario se maneja con pinzas quirúrgicas. San Luis ha acompañado institucionalmente las herramientas legislativas que requirió Balcarce 50, pero Poggi cuida su perfil con recelo: sabe que quedar pegado de forma automática a la narrativa del ajuste más crudo de la Nación tiene un costo interno que prefiere no pagar. La foto local, rodeado de escuelas, fuerzas de seguridad y vecinos en la calle, funciona como un cable a tierra identitario y un escudo político.
Lejos del ruido de Olivos y sumamente cerca de las realidades de los municipios, Poggi parece trazar su propia hoja de ruta. No hay una ruptura declarada con Milei, pero sí una sutil y evidente toma de distancia de su imagen. Al final del día, en el ajedrez puntano, la foto de la Avenida Mitre valió mucho más para el futuro inmediato de la provincia que cualquier postal apurada en el norte argentino. Los pies en el territorio; la mirada en San Luis.












